A tres décadas de haber transformado una desilusión productiva en un camino de soberanía, Silvina Rocco, referente de “Sabores del Origen”, desanda su historia en la agroecología. Desde el impacto de la guía de Gabriela Dubo y el programa ProHuerta hasta la consolidación de un cordón verde local, una charla profunda sobre el suelo como ente vivo, la libertad alimentaria y las políticas públicas que hoy impulsan a los pequeños productores de 25 de Mayo.
Por Leo Baldo
En el patio de una casa donde el aroma del asado de Lucio se mezcla con el aire puro, Silvina Rocco me recibe para desandar tres décadas de historia. No es solo una charla sobre huertas; es el relato de una mujer que transformó una desilusión en una filosofía de vida que hoy alimenta a 25 de Mayo.
Todo empezó hace 30 años con un error que, visto a la distancia, fue un acierto del destino. Silvina hizo un curso de horticultura en Inchausti y aplicaba métodos convencionales, hasta que una dosis mal calculada de “remedio” químico terminó secando una hectárea entera de chauchas que había sembrado a mano. “Fue una desilusión grande, pero fue lo que me permitió darme cuenta que no era ese el camino”, recuerda con la serenidad de quien encontró su norte.

En ese momento de quiebre, apareció una figura fundamental: la ingeniera Gabriela Dubo, quien estaba al frente del programa ProHuerta. Fue ella quien le mostró que existía otra forma de cultivar, recuperando los saberes de nuestros abuelos, lejos de los químicos y cerca de los preparados naturales. Bajo esa guía, Silvina comenzó un camino sin retorno hacia la agroecología.
Agroecología: la diferencia entre lo que se compra y lo que se vive
Hoy, a través de su sello Sabores del Origen, Silvina practica la agroecología no solo como técnica, sino como una forma de estar en el mundo. Diferencia tajantemente su trabajo de lo “orgánico”, que suele centrarse en certificaciones comerciales. Para ella, el secreto está en el suelo: “Haces rotación de los cultivos, asociás los cultivos y arrancás considerando que el suelo es un ente vivo”. Un suelo sano respira; el maltratado por agroquímicos queda “apretado, blancuzco y con restos de sales”, prácticamente muerto.
El cordón verde: soberanía y libertad
Uno de los puntos más firmes de la charla fue la necesidad de consolidar un cordón verde local. Silvina sostiene que, si lográramos diversificar la producción en la zona con más productores comprometidos, 25 de Mayo podría autoabastecerse. Esto evitaría que la verdura recorra más de 200 kilómetros desde el Mercado Central, reduciendo el gasto de combustible y garantizando un producto mucho más fresco.

Para ella, alcanzar este nivel de producción local es sinónimo de libertad. “Cuando uno logra la soberanía alimentaria, logra la libertad”, afirma convencida, destacando además la importancia de que cada productor y familia pueda cosechar sus propias semillas.
El valor del trabajo y la salud
Sobre el mito del precio, la respuesta es clara: lo agroecológico no es más caro. Aunque se ahorra en químicos, el costo se equilibra por el esfuerzo humano. “La cantidad de horas hombre que lleva un cultivo agroecológico es mucho mayor… esa verdura no se regala, porque es una forma de que el resto sepa que eso tiene un valor importante”, asegura.
Y, en este marco, Rocco enfatiza algo que la hace vibrar: La agroecología fabrica encuentros. Y es algo maravilloso. Se fusionan los conocimientos académicos con los saberes del campesinado. Eso es sinergia que eleva esa tierra productiva que amamos y protegemos. Nunca paro de aprender”.

Y, además, refuerza que: “desde 2020 el ministerio de Desarrollo Agrario, a cargo de Javier Rodríguez, implementó políticas muy necesarias y beneficiosas para los pequeños y medianos productores”.
De esta manera, se capacitó en el marco de la red de facilitadores en agroecología, obtuvo la certificación de productores agroecológicos, la habilitación de las PUPAAS (pequeñas unidades productivas de alimentos) “que permite comercializar determinados alimentos elaborados de manera artesanal en nuestra Provincia. Los mercados y despensas que son espacios, algunos fijos, para vender en distintos puntos del territorio bonaerense”, explica.

Un legado en la tierra
Silvina no se guarda el conocimiento. Ha pasado por colegios y colonias de verano, sembrando en los más chicos la curiosidad por ver crecer su propio alimento. Su mensaje final es una invitación a la acción, sin importar el espacio disponible: “La importancia de que cada familia tenga su huertita… aunque no tengas tierra, los podés hacer en maceta”.
Porque al final del día, lo que Silvina Rocco pone en nuestras mesas no es solo verdura; es salud, es conciencia y, sobre todo, es un pedazo de nuestra propia tierra.
Fotos: Lucio Muñoz
