La segunda reunión de la Mesa de Participación Peronista dejó definiciones políticas claras: fuerte presencia militante, debate sin rodeos y una mayoría que empieza a plantear abiertamente la necesidad de una interna que permita ordenar la conducción del peronismo en Bragado. Tras el encuentro, el espacio difundió un comunicado dirigido a los medios.
“Más de cincuenta compañeras y compañeros participaron del encuentro, confirmando que no se trata de un espacio testimonial ni circunstancial, sino de una necesidad concreta de reorganización política. El clima fue de discusión franca, sin eufemismos, con una militancia que ya no está dispuesta a cargar en soledad con los costos de decisiones que no toma”, remarcaron en la misiva.
En ese marco, una frase que circuló durante la reunión sintetizó el malestar generalizado y luego fue incorporada al documento de balance: “las explicaciones las tienen que dar los funcionarios, pero las terminan dando los militantes.”

Lejos de una consigna vacía, la expresión refleja una situación concreta: la militancia continúa sosteniendo el trabajo territorial mientras percibe un distanciamiento de la gestión respecto de la escucha, la explicación y la rendición de cuentas. Ese divorcio entre la conducción formal y la práctica política cotidiana fue uno de los ejes centrales del debate.
De la preocupación a la organización
Si en el primer encuentro predominó la preocupación por el estado de acefalía política del PJ local, esta segunda reunión mostró un paso más: la convicción de que el peronismo no se reconstruye solo ni por inercia, ni desde los cargos, sino a partir de organización, formación y militancia activa.
El documento advierte sobre la falta de coordinación política del gobierno local, el funcionamiento aislado de las secretarías y la pérdida de sentido comunitario en varias políticas públicas. No se trata únicamente de críticas, sino de un diagnóstico compartido que comienza a delinear un rumbo.
Militancia, cuadros y territorio
Uno de los puntos destacados del encuentro fue el reconocimiento mutuo entre quienes participaron. Según el documento, la totalidad de los asistentes se comportaron como verdaderos cuadros políticos, con capacidad de organización, movilización y toma de decisiones. Un dato que no pasa inadvertido: hay experiencia, hay estructura militante y hay voluntad de acción.
En ese sentido, fue bien recibida la propuesta de generar ámbitos permanentes de formación política, incluso una escuela de capacitación. También se expresó una defensa explícita de la educación pública en todos sus niveles como herramienta de inclusión y arraigo territorial.
El enojo, lejos de negarse, fue asumido como un motor posible: “vemos compañeros y compañeras con mucho enojo que debemos transformarlo en energía positiva de trabajo militante.”
La lectura es clara: no hay ruptura ni dispersión, sino una energía contenida que busca un cauce político.
Interna sí, imposición no
En este contexto ganó fuerza una posición mayoritaria: la necesidad de una interna que permita al peronismo elegir una nueva conducción, no como gesto de ruptura, sino como un ejercicio democrático elemental.
Al mismo tiempo, también surgieron algunas voces que propusieron avanzar hacia la unidad con el gobierno local, aunque esa unidad hoy aparece más declamada que efectivamente practicada.
El mayor cuestionamiento recayó sobre la postura del intendente Sergio Barenghi, quien —según se expresó en la reunión— busca evitar la interna, dejando al peronismo sin la posibilidad de debatir, elegir y legitimar una conducción alternativa. De ese modo, se conservaría el rótulo de conductor, pero sin una conducción efectiva en la práctica política: sin ordenar, sin convocar y sin representar al conjunto.
La paradoja que se planteó es contundente: un peronismo sin interna es un peronismo sin decisión, y un peronismo sin decisión queda condenado a la inercia.
Un camino en construcción
La Mesa de Participación Peronista se consolida como un espacio abierto, plural y en construcción, que no busca reemplazar estructuras sino devolverles sentido. El desafío inmediato es sostener la regularidad de los encuentros, profundizar el diagnóstico territorial y elaborar propuestas que vuelvan a vincular al Estado local con su función social.
La segunda reunión dejó un mensaje claro: hay militancia, hay debate y hay voluntad de reconstrucción. Lo que falta no es gente ni ideas, sino habilitar el mecanismo más básico de la política: la posibilidad de elegir.
Ese debate ya está en marcha. Y, esta vez, no parece dispuesto a silenciarse.
Fuente: El Censor de Bragado
