Melani Ilundain

Corre cuando amanece y cuando la casa duerme. Corre con el cuerpo marcado por la disciplina y el corazón puesto en 25 de Mayo. Melani Ilundain corre como se vive: entre el esfuerzo, la maternidad y la pasión por un deporte que no promete facilidades, pero sí verdad.

(Por Leo Baldo) Hay personas que corren para llegar. Otras corren para huir. Melani Ilundain corre para habitar el tiempo.

Es de 25 de Mayo. Corre. Es de Acuario. Apasionada. Disciplinada. Pone el corazón adelante y el cuerpo detrás, como si el orden natural fuera ese: primero el deseo, después las piernas. Últimamente ganó todo en lo que se presentó. La última vez fue en Villa Gesell, de noche, con el mar respirándole al costado.

Corre y no necesita presentación. Pero igual la hacemos, porque las historias que valen la pena no se anuncian: se cuentan.

Empezó en 2022, cuando el mundo doméstico pesaba más que los kilómetros. Entrenaba una o dos veces por semana, como quien prueba el agua con la punta del pie. Su hijo tenía dos años. Hoy tiene cinco. El tiempo pasó, pero no pasó en vano: se transformó en entrenamiento, en organización, en paciencia.

Ser mamá y atleta es una coreografía secreta. Ajustar horarios, cumplir con el trabajo, la casa, el cuerpo propio y el cuerpo del otro. “A veces se complica”, dice Melani, y en ese a veces entra todo: el cansancio, la culpa, la fuerza que vuelve. Corre igual.

Entrena de lunes a sábado. Pista, fondo, trote, calidad. Doble turno los martes. Gimnasio los jueves. Setenta kilómetros semanales cuando el calendario lo permite. Noventa y cinco cuando la pretemporada aprieta. No hay épica en el dato duro: la épica está en sostenerlo.

La entrena Hernán García, desde Pergamino. Ella representa siempre a su 25 querido. No como consigna, sino como raíz. Cada carrera es una forma de volver.

Correr en el mar no es fácil. La arena engaña, el viento empuja y después devuelve el golpe. Las olas interrumpen. De noche, todo se vuelve más íntimo. Tres chicas salieron adelante. Melani fue descontando metros como quien aprende un idioma nuevo. En el retome vio a la última. Faltaban casi dos kilómetros. Luchó contra el viento y la arena. Ganó.

Era su cumpleaños.

“El mejor regalo es hacer lo que amo”, dice. Traer el primer puesto a casa es apenas la consecuencia.

Cuando le preguntan por las metas, no esquiva la palabra marca. La marca importa. Mejorar tiempos, ajustar ritmos, dialogar con el cuerpo. El atletismo también es una conversación con el reloj. Pero no corre solo para medir. Corre para compartir. Con su hijo. Con su familia. Con sus amigos. Con su hermana, que hace nueve meses se animó a esta hermosa locura del running.

Decía Haruki Murakami que correr es una forma de vaciar la mente. En este sentido, el atleta Emil Zátopek, dijo aluna vez que si querés correr, corré una milla; si querés una vida distinta, corré una maratón. Melani corre para las dos cosas: para el ahora y para lo que viene.

Corre porque sí. Corre porque puede. Corre porque quiere.

Y cuando cruza el arco, no termina nada: vuelve a empezar.

Su gran meta es seguir mejorando. Como toda profesional. Gracias Melani por representarnos.

Compartir