No era un espectro ni una clase de filosofía. Era una caminata, una plaza, un banco compartido. Pensar mientras la vida seguía pasando.
(Por Leo Baldo)
No era un espectro.
No era una metáfora.
Era Hegel.
Caminaba por Plaza Moreno, despacio, como quien mide cada paso. Se lo veía cansado. No perdido. Cansado de verdad. De esos cansancios que no se disimulan.
Yo estaba sentado en un banco, tomando agua. Miraba pasar camionetas, una tras otra, el ruido habitual. Algunas personas cruzaban la plaza sin apuro. Popó pasó en bicicleta, saludando a los vecinos, como todos los días, como si nada extraordinario estuviera ocurriendo.
Hegel levantó la vista. Me miró. Se acercó sin decir nada y se sentó a mi lado. Respiró hondo.
—Todo va demasiado rápido —dijo—. Y la gente no descansa nunca.
No me sorprendí para nada y le hablé de lo que vemos todos. De las pantallas siempre encendidas. De la necesidad de estar conectados incluso cuando no hay nada que buscar. De esa costumbre de mirar el teléfono como quien busca aire.
—Antes la gente se aburría —dijo—. Ahora se agota.
Tomó un poco de agua. Observó la plaza.
—La tecnología no es el problema —agregó—. El problema es no saber estar sin ella.
Le tiré alguna idea de la política actual. De los mensajes cortos. De las discusiones que duran lo mismo que una historia en redes. Del enojo que se consume rápido y no construye.
—Así no se piensa —dijo—. Así se reacciona.
Y seguí: me expresé sobre la realidad Argentina. De la bronca acumulada. Del ajuste. De la sensación de que todo pesa más de lo que debería.
Asintió en silencio.
—Nadie empieza de cero —dijo al final—. Uno sigue caminando con lo que tiene. Incluso con el cansancio.
Una camioneta frenó en la esquina. Popó volvió a pasar en bici, saludando a otros vecinos. La plaza siguió siendo plaza.
Hegel se levantó despacio.
—No tengan miedo de discutir —me dijo—. Tengan miedo de no hablar más.
Se fue caminando, sin apuro.
Yo me quedé en el banco, tomando agua. Comencé a bosquejar o a escribir en un papel lo que había vivido.
Porque a veces escribir es eso:
dejar constancia
de que alguien estuvo acá.
