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Frente al clima de incertidumbre y las visiones críticas sobre el consumo local, surge una lectura basada en la solidez de las variables macroeconómicas. En esta columna, Gianluca Serantes, analiza los datos que marcan el fin de la era de la inflación descontrolada, la recuperación del salario real y el impacto del superávit financiero como el único camino hacia una estabilidad duradera. Una respuesta necesaria para separar el “miedo de cartón” mediático de la realidad estadística que está saneando los cimientos de 25 de Mayo y el país.

Caminar por la 9 o por la 18 y sentir “suspenso” es una percepción válida en cualquier proceso de cambio profundo, pero las percepciones no pagan sueldos ni llenan góndolas; la estabilidad económica, sí. La reciente columna de Leo Baldo describe un escenario de mostradores vacíos y “métricas de capital humano”, omitiendo que lo que realmente vaciaba los bolsillos de los vecinos de 25 de Mayo no era un “Excel”, sino la desidia de un modelo que nos dejó una inflación del 211,4% y una bomba hiperinflacionaria.

El “miedo de cartón” frente a la realidad

Observo con preocupación cómo gran parte de la sociedad parece sufrir más por un “miedo de cartón” impuesto por los medios masivos de comunicación que por la realidad de los datos. Mientras los titulares buscan instalar la angustia, los números esperanzadores del país cuentan otra historia. Es fundamental separar el ruido mediático de los hechos: el miedo es una herramienta de control, pero los datos son la herramienta de la libertad.

La desinflación: El fin del impuesto a los pobres

Se habla de una etapa donde “el trabajo valía”, pero se olvida que el salario se derretía antes de llegar a la caja. Milei asumió con una dinámica de hiperinflación técnica. Hoy, el panorama es radicalmente distinto:

De aquel pico del 26% mensual, hemos pasado a una inflación interanual proyectada para 2026 en torno al 30-32%.

Esta desinflación histórica le devuelve el valor real al trabajo, algo que el relato del “suspenso” prefiere ignorar.

El mito del ajuste a la gente

Es fácil decir que “el ajuste lo paga el que alquila”, pero la realidad técnica es que el Estado dejó de ser una aspiradora de recursos. Por primera vez desde 2008, Argentina encadena años de superávit financiero.

Se eliminó el déficit del BCRA (10% del PBI).

Se redujo el gasto primario real en un 30%.

Este “superávit de pizarrón” que se critica es el escudo que evita que el país caiga en un default o en una emisión descontrolada que destruiría cada comercio local.

Pobreza y Crecimiento: El rebote real

Los datos del INDEC y consultoras internacionales muestran una recuperación que los medios rara vez titulan con la misma fuerza que las malas noticias:

La pobreza bajó al 28,2% en la segunda mitad de 2025 tras el pico del sinceramiento.

La indigencia cayó del 18% al 6,3%.

Tras la recesión necesaria de 2024, el PBI rebotó un 4,4% en 2025 y mantiene una proyección positiva para este año.

Conclusión: La verdad sobre el “amor a la patria”

El amor a la patria no se demuestra fomentando el pánico ante el cambio, sino saneando las bases de una economía que estaba herida de muerte. El “ajuste que iba a pagar la política” se ve en la reducción de la estructura estatal y la quita de privilegios.

En 25 de Mayo se respira, sí. Pero hoy se respira un aire de previsibilidad que hace años no existía. Pasar del caos de la emisión al orden del superávit no es frialdad estadística; es la única garantía de que el futuro tenga cimientos sólidos. No nos dejemos consumir por fantasmas mediáticos; los números, por primera vez en mucho tiempo, están de nuestro lado.

Los datos matan al relato. Es momento de mirar las estadísticas oficiales y dejar de consumir el miedo que algunos intentan vender.

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