snta clara del mar

(Redacción) Lo que ocurrió en Santa Clara del Mar fue grave. Una ola anómala, una víctima fatal, personas heridas y una comunidad conmocionada. Eso es indiscutible. Lo que sí merece una mirada más profunda es cómo se contó lo que pasó y qué efectos tuvo esa forma de narrarlo.

Porque hay un dato central que no puede omitirse: Defensa Civil había alertado. La advertencia existió, fue real y estuvo disponible. Sin embargo, el relato que terminó imponiéndose, especialmente desde los grandes medios nacionales, no fue el de la prevención ni el de la explicación, sino el del impacto puro. Titulares cargados de dramatismo, imágenes repetidas hasta el hartazgo y una palabra flotando en el aire: pánico.

“Años de playa y nunca viví algo así”, dijeron vecinos y turistas. La frase es honesta, espontánea, humana. Pero una cosa es el desconcierto genuino de quien estuvo ahí y otra muy distinta es convertir ese desconcierto en espectáculo.

En muchos casos, el periodismo nacional eligió amplificar el miedo. Se habló de “tsunami”, de “ola gigante”, de “escenas de terror”, sin el debido contexto, sin explicaciones claras y sin diferenciar lo excepcional de lo apocalíptico. El resultado fue previsible: confusión, angustia y una sensación de amenaza permanente que excedió largamente lo ocurrido.

Las redes sociales replicaron ese clima. Entre el humor nervioso y la exageración, circularon frases, emojis, videos fuera de contexto y relatos fragmentados. No es casual: cuando los medios tradicionales empujan el dramatismo, las redes lo multiplican.

El problema no es informar con contundencia. El problema es informar sin responsabilidad. Contar un hecho extremo no habilita a sembrar temor. Nombrar un fenómeno no significa explicarlo. Y mostrar imágenes impactantes no equivale a ayudar a comprender.

Mientras tanto, quedó relegada una discusión clave: cómo funcionan las alertas, cómo se comunican y cómo se actúa frente a ellas. Esa es la información que salva, no el título estridente.

Santa Clara del Mar no necesitaba pánico. Necesitaba contexto. Necesitaba voces locales, especialistas, explicación serena y respeto por una comunidad golpeada por un hecho inesperado.

El periodismo, sobre todo el de alcance nacional, tiene una responsabilidad mayor cuando pone la lupa sobre pueblos y ciudades del interior. No todo vale por un click. No todo impacto es información.

La ola pasó. El miedo amplificado, en muchos casos, quedó. Y esa diferencia también es una noticia que merece ser contada.

Compartir