Por Leo Baldo
La realidad en Córdoba duele en la panza. No es una frase hecha; es el resultado de un frío puñal estadístico: 6 de cada 10 niños que asisten a comedores sufren de malnutrición. En los barrios donde el hambre se disfraza de saciedad, estamos siendo testigos de una tragedia silenciosa. No es solo falta de comida; es la ausencia de futuro en cada plato de fideos vacíos.
La crisis alimentaria en los barrios de Córdoba: panza llena, cuerpo vacío
El informe sobre la emergencia alimentaria en Córdoba revela una paradoja cruel. El volumen de comida está, pero los nutrientes faltan. Es el triunfo de la harina sobre el hierro. Estamos criando una generación con el motor herido, pibes que crecen con el cuerpo engañado por el exceso de hidratos y la falta de proteínas.
En los comedores comunitarios, el diagnóstico es claro: la malnutrición es la marca de una desigualdad que se hereda. Un niño malnutrido es un sueño que se apaga antes de encenderse, un cerebro que pide permiso para entender un mundo que le niega lo básico. Es una tristeza que tiene olor a fideo hervido, pero que esconde una trampa que les va robando el brillo de la mirada.
Alejo: el engranaje humano que sostiene la esperanza
En medio de este desierto de nutrientes, aparecen los imprescindibles. Alejo es el motor que tracciona cuando todo parece detenerse. En la logística del desamparo, mi amigo Alejo es el que mueve los hilos de la solidaridad. No es un administrativo detrás de un escritorio; es el tipo que tiene el barro en las botas y el teléfono ardiendo de tanto gestionar.
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Una publicación compartida por Telefe Córdoba (@telefecordoba): Malnutrición infantil en Córdoba: la realidad detrás de los comedores y el motor de la solidaridad
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Él entiende que detrás de cada cifra de malnutrición infantil hay una mirada que espera. Alejo es el engranaje que conecta la necesidad con la solución, golpeando puertas y moviendo voluntades para que la olla no se quede corta y para que el guiso tenga, al menos hoy, un poco más de vida. Es el tipo que se carga la mochila de los invisibles, transpirando la camiseta de la solidaridad sin pedir permiso ni esperar el aplauso.
El desafío de revertir la malnutrición infantil
La nota de los medios pone el foco en el desastre, pero la solución está en la trinchera. Para combatir la pobreza infantil en Córdoba, no alcanza con llenar estómagos; hay que nutrir personas. El esfuerzo de quienes, como Alejo, se cargan al hombro la realidad de los comedores, es la única barrera que impide que el desamparo sea total.
Esta crónica no es solo una denuncia; es un reconocimiento a los que no miran para otro lado. Mientras la estadística nos avergüenza, el movimiento de los que actúan nos da un respiro. Porque al final, la lucha contra el hambre en Córdoba se gana con políticas, pero se sostiene con el corazón de los que, como Alejo, eligen ser el motor del cambio.
