demisexualidad

Por: redacción

En una era dominada por el swipe derecho y la inmediatez del deseo visual, surge con fuerza un término que, aunque no es nuevo, busca poner nombre a una experiencia que muchos viven en silencio: la demisexualidad. No se trata de una elección ética, ni de una postura conservadora frente al sexo; es una orientación que redefine el orden de los factores en la ecuación de la atracción.

El vínculo como interruptor

Para la mayoría de las personas (alosexuales), la atracción sexual suele ser primaria: surge por el impacto de lo físico, el aroma o la estética. Sin embargo, para una persona demisexual, ese interruptor está apagado por defecto. El deseo no nace del primer vistazo, sino de la construcción de un vínculo emocional profundo.

Ubicada dentro del espectro de la asexualidad (el área “gris”), la demisexualidad implica que la atracción sexual solo aparece como una consecuencia secundaria de la intimidad emocional. Sin conexión, el otro es, en términos de deseo, un paisaje neutro.

Desmontando el mito de la “espera”

Es común escuchar que “todos somos un poco demisexuales porque preferimos conocer a alguien antes de ir a la cama”. Aquí es donde reside el principal error de interpretación.

La diferencia es biológica y psíquica:

La persona alosexual puede sentir deseo por un desconocido, pero decide —por valores o precaución— no concretar.

La persona demisexual simplemente no experimenta ese deseo. No está reprimiendo una pulsión; la pulsión no existe hasta que la confianza y el afecto “activan” la atracción.

El desafío en tiempos de inmediatez

Navegar el mundo de las aplicaciones de citas puede ser un terreno hostil para quien se identifica como demisexual. En una cultura que premia la química instantánea, estas personas suelen sentirse fuera de lugar o presionadas por tiempos que no les pertenecen.

Es fundamental entender que la demisexualidad no es una patología ni una falta de libido. Las personas demisexuales, una vez que establecen ese vínculo, pueden tener una vida sexual plena y activa. Lo que varía es el mecanismo de acceso a ese deseo.

Hacia una nueva comprensión del deseo

Ponerle nombre a esta orientación permite que muchos dejen de sentirse “fallados” en un mundo hipersexualizado. La demisexualidad nos recuerda que el deseo humano es un espectro vasto y que, para algunos, el camino más corto hacia el cuerpo del otro no es la mirada, sino la palabra y la complicidad compartida.

Entender la demisexualidad es, en última instancia, validar que no hay una única forma correcta de sentir.

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