Leo Baldo

¿Por qué los líderes modernos se comportan como chamanes? La desaparición de Jacobo Grinberg, los rituales de poder y la manipulación de la realidad social. Una columna que desentraña el vínculo entre el esoterismo, la crisis de las instituciones y la fe como última herramienta de control político.

Por Leo Baldo

La política contemporánea parece haber iniciado un viaje de retorno desde la frialdad de los datos hacia el calor de los rituales. Hoy, el análisis técnico cede terreno ante figuras que, más que administradores, se presentan como guías espirituales o “chamanes” capaces de interpretar una realidad que el ciudadano común siente inabarcable.

Diversos medios de comunicación han comenzado a desandar este fenómeno. El diario La Nación, en sus análisis sobre el liderazgo de Javier Milei, ha explorado la conexión entre el misticismo y el poder, señalando cómo las alusiones a las “fuerzas del cielo” construyen un relato que trasciende lo electoral para entrar en lo religioso. Aquí, el líder no solo propone un plan económico, sino una redención. Por su parte, El País de España advierte sobre la aparición de “taumaturgos” en el poder: líderes que no piden comprensión, sino devoción ciega.

La herencia de Jacobo Grinberg Para entender esta mutación, es inevitable citar al Dr. Jacobo Grinberg, el neurofisiólogo mexicano desaparecido misteriosamente en 1994. Grinberg postuló la “Teoría Sintérgica”, sugiriendo que nuestro cerebro interactúa con una matriz de información espacial llamada Lattice. Según su estudio sobre chamanes como la famosa “Pachita”, la mente humana tendría la capacidad de alterar la estructura de la realidad física.

En la política actual, parece operarse una “sintergia social”. Los líderes de hoy no buscan gestionar la realidad económica tangible, sino alterar la “Lattice” de la opinión pública: cambiar la percepción de la gente para que lo que es real deje de serlo, y lo que es místico se convierta en verdad oficial. Como Grinberg con sus experimentos, la sociedad observa hoy a sus mandatarios esperando un milagro que desafíe las leyes de la lógica y la historia.

La industria del odio y el nuevo fogón

Como bien analizaba la periodista Mariana Moyano, esta deriva encuentra su ecosistema perfecto en las redes sociales. En la “industria del odio”, no se razona, se cree o se odia. La red social es el nuevo fogón de la tribu donde el chamán político agita el fuego de la indignación para mantener la cohesión de los suyos.

Ya no se trata de convencer con plataformas electorales, sino de conmover a través del rito. El peligro radica en que, cuando la política se vuelve una religión, la rendición de cuentas desaparece. El “chamán” no comete errores; simplemente está librando batallas en planos que los simples mortales no logramos comprender.

¿Estamos ante una evolución del liderazgo o ante una regresión hacia el pensamiento mágico ante la falta de futuro? Quizás la desaparición de Grinberg nos dejó una lección: cuando se intenta manipular la estructura misma de la realidad, el riesgo es perderse en el vacío de lo invisible.

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