Lo advertimos cuando el país era un lodazal de relatos y dólares financieros: el Surubilo, ese pez mítico que nada en tierra, no es un milagro biológico sino el síntoma de nuestra propia inconsistencia. Hoy, en un 2026 marcado por la tierra rajada y el sol inclemente, el oráculo de las escamas vuelve a emerger entre las grietas de la Pampa. Ya no hay fango protector que lo esconda, pero el bicho sobrevive a fuerza de instinto: aunque el barro se evapore, el Surubilo sigue siendo cuevero y siempre encuentra una hendija donde encanutar la realidad.
Por Leo Baldo
Lo advertimos en su momento y la historia nos da la razón: el Surubilo no se extingue, solo cambia de cueva. Aquel pez mítico que nadaba en la tierra de los jardines de Olivos, alimentado por el fango del biodiesel y la humedad de los dólares MEP, ha vuelto a aparecer. Pero este 2026 nos recibe con la peor de las caras: la gran sequía.
Como ya lo contábamos, el Surubilo es, ante todo, un animal cuevero. Su instinto no es el de la transparencia del río, sino el del ocultamiento en el barro. Si antes aprovechaba el lodo protector de la política y los negocios para desaparecer, hoy, con la tierra rajada y los campos de 25 de Mayo convertidos en un polvoral, el Surubilo se aferra a las grietas.
La cueva en la grieta
Aunque el sol de este 2026 evapore hasta el último rastro de humedad superficial, el Surubilo sobrevive porque sabe meterse donde nadie mira. Es el oráculo de nuestra propia inconsistencia. Mientras figuras como Horacio Buratti buscaban pescarlo con las artes del mercado, el bicho ya se había encuevado en lo profundo de la idiosincrasia nacional.
La sequía actual ha dejado al desnudo el cauce seco de los relatos, pero el Surubilo sigue ahí, agazapado. Es el pez que no necesita agua porque se nutre de la falta de firmeza de nuestro suelo. En un país que pasa del desborde de fango a la aridez absoluta, ser cuevero es una estrategia de Estado.
El aviso cumplido
Verlo hoy, asomando desde las fisuras de la tosca, es la confirmación de su vigencia. Ya lo contábamos: el Surubilo es el síntoma de una Argentina que siempre tiene una cueva preparada cuando el horizonte se pone seco. El fango se podrá secar, pero la maña del cuevero para encontrar refugio en la crisis sigue intacta.
El misterio del pez que nada en tierra hoy es más real que nunca. Porque en 2026, cuando ya no queda lodo para esconderse, el Surubilo nos enseña que siempre hay una cueva nueva para habitar.
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