fate

La decisión de la mayor fabricante de neumáticos de capitales argentinos de cesar sus operaciones definitivas marca un punto de inflexión sombrío para el sector industrial del país. Atrapada entre el desplome del consumo interno, una apertura agresiva de las importaciones y un conflicto sindical crónico, el cierre de la planta de San Fernando no solo deja a miles de familias en la incertidumbre, sino que plantea interrogantes urgentes sobre la viabilidad del modelo de producción nacional frente a las nuevas políticas de mercado abierto.

Por la Redacción de 25 se informa

Durante ocho décadas, las chimeneas de Fate en San Fernando fueron un símbolo de la resiliencia industrial argentina. Hoy, ese fuego se ha extinguido. La empresa de la familia Madanes Quintanilla, la única de capitales 100% nacionales en un mercado dominado por corporaciones globales, anunció el cierre definitivo de sus operaciones, enviando una onda de choque a través de toda la cadena de valor automotriz.

El colapso no ocurrió en el vacío. Según datos de la Agencia DIB y proyecciones del sector, la industria del caucho operaba a niveles críticos, con una caída de la demanda que superó el 22% en el último año. Para Fate, la combinación fue letal: una presión insostenible por el ingreso de neumáticos importados —principalmente de Asia— y una disputa con el sindicato SUTNA que paralizó la planta durante meses, transformando el conflicto laboral en una vía muerta.

Para los observadores internacionales, el destino de Fate es un caso de estudio sobre las tensiones de la Argentina actual. Mientras el gobierno nacional apuesta por una desregulación profunda para combatir la inflación y atraer inversiones, el tejido industrial histórico que nació bajo el amparo del proteccionismo se desintegra. “Es un golpe histórico”, señalan fuentes del sector, advirtiendo que este cierre deja a Pirelli y Bridgestone como los únicos sobrevivientes en un terreno cada vez más hostil.

Más allá de los balances y la macroeconomía, queda el impacto humano. Miles de trabajadores recibieron la notificación de no presentarse a sus puestos, marcando el fin de un legado que vistió las ruedas de los autos argentinos desde la posguerra. La caída de Fate no es solo el cierre de una fábrica; es el desvanecimiento de una identidad productiva que difícilmente encuentre un reemplazo en el nuevo mapa económico del país.

25 se informa https://25seinforma.com.ar/

Compartir