Jorge Quiuen 50 años de oficio, servicio y una vida que no sabe de descansos

Este 3 de mayo, la gomería de los Quiuen celebra medio siglo. Detrás del mostrador permanece Jorge, un vecino ultra conocido de nuestros pagos que a los 76 años sigue siendo el primero en llegar y el último en rendirse. Una historia de manos curtidas, legado familiar y un amor incondicional por el trabajo.

Por Leo Baldo

Existen nombres que en 25 de Mayo funcionan como sinónimo de confianza; el de Jorge Quiuen es, sin dudas, uno de ellos. No hace falta mucha presentación para este hombre de perfil bajo y pocas palabras, pero de una generosidad inmensa. Se cumplen cinco décadas desde que Jorge hizo de la gomería su trinchera diaria, aunque en el oficio lleva “muchos más”, como aseguran quienes conocen su trayectoria desde el principio.

Jorge, en su gomería, con sus perros

El compañero del vecino

Jorge no representa solo al técnico que repara una cubierta; es, ante todo, un aliado de sus clientes. En un pueblo donde las urgencias se miden en la cercanía del trato, este trabajador se mostró siempre predispuesto. Sin importar la hora o la complejidad del problema, su vocación servicial lo transformó en un referente de la zona. Esa misma entrega fue la que transmitió a fuego en su familia, logrando lo que pocos consiguen: que el saber del oficio trascienda y se mantenga vivo en las nuevas generaciones.

Jorge y su nieta

Una vitalidad que asombra

A sus 76 años —camino a los 77 en julio—, el protagonista de esta historia desafía cualquier manual sobre el retiro. Su motor continúa encendido y no solo entre herramientas. Quienes transitan por su propiedad advierten que allí late otra pasión: una hectárea de quinta que él mismo mantiene con una pulcritud envidiable.

Desde la altura de una grúa para podar las plantas más altas, hasta el cuidado minucioso de su monte de frutales y su huerta de hortalizas, Jorge demuestra que el contacto con la tierra es su verdadera fuente de juventud. Se trata de un hombre que no aguarda a que las cosas sucedan; las ejecuta con sus propias manos.

El regalo de la memoria

Bárbara, su hija, fue quien impulsó este reconocimiento. Comprendía que, por su profunda humildad, Jorge jamás solicitaría una entrevista. “Es una forma de dejar un recuerdo más de todo lo que ha trabajado y sigue aún sin parar”, relata con la emoción de quien reconoce a un héroe cotidiano en su propio hogar.

En la actualidad, la gomería trasciende lo comercial para convertirse en un monumento al esfuerzo sostenido. Jorge Quiuen encarna esa estirpe de vecinos que forjaron la identidad de 25 de Mayo: hombres honestos, laboriosos y, fundamentalmente, personas de bien.

¡Felices 50 años de trayectoria, Jorge! Gracias por no detenerse nunca

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