La Scaloneta, una gata, un símbolo, un proceso, ¿la patria en el patio?

La épica de lo colectivo frente al desorden del mundo exterior. Un partido sin reglas, las contradicciones de la superficie política y la certeza de que el verdadero territorio —la patria de los que insisten— se reconstruye en el silencio de un nuevo suelo, con la paciencia de un animal que apenas se deja adoptar

Comenzamos el partido como una batalla. Era un partido que no respetaba normas. Algún nacionalista —como lo es mi espejo— diría que los ingleses no conocen de normas. En el fango del potrero, el fútbol es esa guerra silenciosa donde el perdedor nunca muere del todo; solo se queda masticando el barro, esperando la próxima marea para volver a nacer.

Pero, qué cosa, hay un grupo. Una comunidad. Un equipo que revierte esas situaciones extremas. Recién lo vimos. Hace un rato. Es la Scaloneta. Amplia espiritual y racionalmente. Un símbolo que se puede tomar.

Y Scaloni fue muy cauto luego del partido ante Suiza. “Es un partido más”, dijo. El perfil bajo del que sabe que el viento pega de frente y el suelo está blando. Sin embargo, Giovani Lo Celso sacó esa bandera. Es algo que creí que fabricaba el periodismo —nosotros, la industria interminable de discursos en un evento que expone nacionalismos y globalismos—, pero no. Está dentro, parece. Un mandato ciego que se lleva en el pecho. De hecho… Villarruel fue muy voraz y dejó una clara expresión ideológica: se refirió a “Piratas”. La Vicepresidenta de un gobierno que se dijo admirador de Margaret Thatcher. Lo inexplicable, un Aleph. A buscar el sentido.

Y en esta trama, algunos dicen que las Malvinas están donde sabemos geográficamente que están. Otros piensan que las Malvinas están dentro nuestro. No lo sabemos. La verdad debe andar perdida en la mirada de los tipos silenciosos que cargan la patria en los hombros, sin carteles ni discursos. Hay un símbolo y una comunidad que lucha ante aquello que parece inalcanzable. Pasos verticales. Centros. Regates. Pelotas paradas. Todo es estrategia y táctica.

¿Qué es la lucha?

La lucha no es la épica ruidosa de la tribuna. Es el oficio obstinado de seguir braceando cuando el cuerpo ya no responde. Levantarse sin mirar al árbitro, buscar la pelota otra vez. Persistir en el intento de hilvanar una belleza posible donde solo proponen el caos.

Andrés, luego del partido, mientras me escuchaba en llantos, me lo definió de esta manera: “Es respetar el proceso”.

¿A qué vinieron? Solo queda festejar, agradecer junto a los respiros y animarse a ese camino.

Me mudé hace poco. En este nuevo rincón, donde todavía estoy acomodando los bártulos y los silencios, adopté a medias una gata que anda dando vueltas por el patio. A partir de hoy, decidí llamarla la Escaloneta. Una pequeña forma doméstica de andar. De habitar el nuevo suelo despacio. De resistir con paciencia y de recordar, cada día, cómo se reconstruye un territorio propio.

Compartir