En las afueras de Roque Pérez, donde el mapa se funde con el campo, Patricia, Dalma y Karina lideran un proyecto que combina turismo rural con historias de superación. Lo que empezó como un espacio de sanación personal terminó convirtiéndose en un complejo que busca devolverle al pueblo el sabor de los domingos en familia.
(Redacción) A veces surgen proyectos que no nacen de una fría oportunidad de mercado, sino de la necesidad del alma. Historias que se escriben con el cansancio de responsabilidades pesadas, pero también con la fuerza de quienes deciden no rendirse. Esta es la trama de Patricia Catelani, Dalma Nicomedes y Karina Pereyra: tres mujeres que la vida juntó para “hacerse bien” y que hoy custodian uno de los rincones más auténticos de la zona.

Patricia sostuvo durante años el cuidado de sus padres mientras emprendía en lo que fuera necesario. Dalma aprendió a caminar entre duelos difíciles, transformando el dolor en la energía necesaria para sostener a los suyos. Karina, trabajadora desde los doce años, siempre supo que el esfuerzo es la única moneda que no se devalúa.
El destino las reunió en un Día del Amigo en la Estancia Los Álamos, un lugar a pocas cuadras del centro de Roque Pérez donde el silencio es el único lenguaje. Allí, entre charlas y mates, sintieron que ese refugio de naturaleza y aire puro era el espacio que el pueblo necesitaba para reencontrarse. Cuando el lugar estuvo a punto de cerrar sus puertas, Karina no dudó: habló con el dueño desde el corazón y le propuso un sueño compartido.
José, el propietario, confió en la pasión de estas mujeres. Así comenzó la aventura de transformar una estancia en un espacio vivo. Patricia y Dalma se sumaron a una propuesta que no ofrecía certezas económicas, pero sí un propósito humano: abrir las puertas para que el domingo volviera a tener el sabor de los almuerzos con los abuelos, con guisos, pucheros y charlas sin apuros.

El emprendimiento, hoy, cuenta con dos hectáreas de parque, laguna para navegar, bicicletas y cabañas con capacidad para 36 personas. Sin embargo, el lujo aquí es otro: es el fogón encendido, el juego de burako para los adultos mayores y el espacio abierto para los productores locales. Con capacidad para eventos de hasta 120 personas, Los Álamos se posiciona como una experiencia íntima y real.
La apertura de esta estancia es el testimonio de que cuando el esfuerzo se une con la empatía, los resultados trascienden lo comercial. En Roque Pérez, tres amigas demostraron que siempre es posible volver a soñar, especialmente cuando el sueño se construye pensando en el bienestar del otro.
