Pese a la mejora en las reservas hídricas, las lluvias y la baja radiación frenan la siembra y encienden alarmas en los cultivos

Según el Panorama Agrícola Semanal de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el avance del maíz y del girasol enfrenta demoras por el exceso de agua y las bajas temperaturas en sectores clave, mientras que el trigo sufre pérdidas de rinde en el centro agrícola y falta de luz en etapas críticas

Las precipitaciones registradas en los primeros días de octubre aportaron un necesario alivio a los perfiles de suelo en amplias zonas del área agrícola nacional. Sin embargo, la contracara climática de este escenario —caracterizada por un exceso de humedad, días consecutivos con baja radiación solar y marcas térmicas frías— comenzó a ralentizar el ritmo de la siembra gruesa y a generar seria preocupación por el potencial de rendimiento de los cereales de invierno.

Así lo advirtió la Bolsa de Cereales de Buenos Aires en su Panorama Agrícola Semanal (PAS) emitido este jueves 15 de octubre. Según el reporte elaborado por el equipo de Estimaciones Agrícolas que encabeza la ingeniera Cecilia Conde, el escenario agronómico presenta un matiz complejo: mientras el agua disponible resulta indispensable para encarar el ciclo, la persistencia de la nubosidad y los anegamientos puntuales condicionan la evolución de los planteos.

Maíz y girasol: avance desigual y pasaje a fechas tardías

En el caso del maíz con destino a grano comercial, las labores de siembra alcanzaron el 34,8% de las 8,4 millones de hectáreas proyectadas para el ciclo 2026/27. Si bien el proceso mantiene un adelanto de cinco puntos porcentuales respecto del año pasado, las lluvias recientes frenaron las sembradoras en áreas del centro y sur de la región pampeana.

El panorama es heterogéneo. En el Centro-Norte de Córdoba, la falta previa de agua impidió completar los planes de siembra temprana, por lo que esas hectáreas pasarán directamente a esquemas tardíos. En los cuadros ya emergidos, que se encuentran entre emergencia y la etapa de cuatro hojas (V4), se observan problemas puntuales de amarillamiento por la baja luminosidad y el frío. Pese a estos factores, el estado general del cultivo se conserva mayormente de “normal a bueno”.

Por el lado del girasol, la siembra cubre el 41,9% de las 3,1 millones de hectáreas previstas. Aunque refleja un avance intersemanal de 5,8 puntos porcentuales y sostiene un ritmo superior al promedio histórico, los productores del sur agrícola manifestaron su inquietud. Los pronósticos de nuevas precipitaciones amenazan con dejar inconclusas las ventanas óptimas de siembra. A su vez, los lotes implantados sufren el embate de plagas como isocas cortadoras y aves, que reducen la densidad de plantas por metro cuadrado.

Trigo y cebada: alerta sanitaria y pérdida de macollos

El panorama para los cereales de invierno expone las mayores dudas agronómicas. Para el trigo, con un 58% del área en fase de espigazón o superior y un 90% del área con adecuada oferta de agua, la atención está puesta en los efectos de las heladas pasadas y la persistente cobertura nubosa.

En el norte del país (NOA y NEA), la elevada humedad y las lluvias recurrentes retrasan el inicio de la trilla en lotes que ya alcanzaron la madurez fisiológica, proyectando rendimientos promedio de entre 20 y 30 quintales por hectárea.

Sin embargo, en el centro de la zona núcleo, los especialistas de la Bolsa proyectan mermas de entre un 10% y un 30% respecto de la campaña anterior. La razón principal obedece al aborto de macollos por heladas y al bajo cociente fototermal (falta de luz) durante el período crítico, un factor que limita la fijación de granos en la espiga. A esto se suma la tensión por el frente sanitario: las altas temperaturas y la humedad ambiental obligan a monitorear y aplicar controles para mancha amarilla, roya y prevención de fusariosis de la espiga.

Por su parte, el cultivo de cebada transita las etapas de encañazón y espigazón con reservas hídricas que mejoraron sustancialmente. De todas formas, los registros de heladas en el oeste bonaerense dejaron mermas visibles con techos de rinde esperados en torno a los 40 quintales por hectárea, mientras que para el resto del área agrícola las expectativas oscilan entre los 35 y 60 quintales por hectárea. En el sudoeste bonaerense y sur pampeano, la falta de radiación y el arrastre de la sequía durante el macollaje imponen un límite al techo productivo del cereal.

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