Las colocaciones externas del biocombustible local registran un repunte en los últimos meses tras la reactivación del interés en el Viejo Continente, aunque los volúmenes globales de la cadena de valor todavía se mantienen por debajo de los techos históricos
El complejo agroindustrial de la harina y el aceite de soja comenzó a registrar una dinámica positiva en la ventanilla del comercio exterior. El flujo de despachos de biodiésel con destino a la Unión Europea experimentó una aceleración progresiva durante el último período, impulsado fundamentalmente por el reabastecimiento de stocks e insumos de corte por parte de los grandes grupos petroleros internacionales que operan en dicho mercado.
Este repunte operativo significa un oxígeno valioso para las plantas procesadoras instaladas sobre el nodo portuario y agroexportador del Gran Rosario, que venían registrando capacidad ociosa y márgenes presionados. La reapertura de ofertas firmes desde Europa permite traccionar el procesamiento del grano de soja, revalorizar la molienda técnica y dar salida a un derivado de alto valor agregado en momentos donde la industrialización del grano requiere mayor liquidez internacional.
Sin embargo, desde las cámaras industriales del sector agroenergético remarcan con prudencia que el nivel actual de embarques dista considerablemente de las marcas de pico registradas en los años dorados de la actividad. Las barreras paratarancelarias, las exigencias en materia de sustentabilidad y las variaciones en las cuotas internacionales imponen todavía un techo a la expansión plena de la capacidad instalada nacional. Así, mientras el complejo aceitero celebra la reacondición del canal europeo, la agenda agroindustrial mantiene en la mira la necesidad de consolidar reglas de juego estables y ampliar la inserción del producto en el corte obligatorio del mercado interno.
