Diputados convalidó el millonario blindaje a favor de los holdouts

En una jornada asfixiada por la rosca parlamentaria y las esquirlas de la trastienda política, el oficialismo blindó la paz financiera. Radiografía de un acuerdo exprés de 171 millones de dólares que divide aguas en el recinto y desactiva el fantasma de los embargos sobre activos estratégicos

(Por Leo Baldo) Hay triunfos legislativos que se festejan con el alivio de quien apaga un incendio al borde del abismo. En una sesión de alta tensión, donde los pasillos del Congreso crujieron bajo el peso de las negociaciones de último minuto, el oficialismo logró convertir en ley el aval para pagar USD 171 millones a los fondos Bainbridge y Attestor. Se trata del epílogo de un litigio de un cuarto de siglo, arrastrado desde el histórico default del 2001, que el Ejecutivo necesitaba cerrar con urgencia quirúrgica antes del vencimiento técnico del próximo 30 de junio.

La votación en la Cámara baja, que cosechó 139 votos positivos frente a 97 voluntades en contra, expuso la habitual arquitectura de mayorías móviles que sostiene la gobernabilidad libertaria: un bloque monolítico de La Libertad Avanza escoltado sin fisuras por el PRO, la Unión Cívica Radical y el bloque de Innovación Federal, un esquema que contrasta de manera abierta con el cerrado rechazo de Unión por la Patria y la izquierda. Desde el plano técnico, la Procuración del Tesoro, comandada por Sebastián Amerio, defendió la ingeniería del acuerdo bajo el argumento de una quita superior al 30% en los reclamos originales de los acreedores, mitigando el riesgo inminente de ejecución de embargos sobre activos soberanos y corporativos sensibles.

La letra chica del desembolso y el reparto de los millones

El acuerdo que el oficialismo logró blindar en la Cámara baja destraba formalmente un paquete global de USD 171 millones, orientado a desactivar las demandas que los últimos tenedores de títulos defaulteados en 2001 mantenían en los tribunales de Nueva York. Según los informes técnicos que circularon en las comisiones del Palacio Legislativo, la arquitectura del pago se divide de manera asimétrica entre los dos fondos litigantes:

  • Attestor Value Master Fund LP: El grupo acreedor mayoritario se adjudicará la mayor tajada del desembolso, embolsando un total de USD 104 millones.
  • Bainbridge Ltd.: La firma internacional recibirá los restantes USD 67 millones para dar por cerrado su frente judicial definitivo contra el Estado argentino.

Desde los despachos de la Procuración del Tesoro insistieron en que el apuro por convalidar la ley radicaba en levantar de manera inmediata las medidas cautelares y los pedidos de ejecución de embargos que asediaban a los activos soberanos más sensibles del país. Las pantallas financieras miraban con preocupación las presentaciones judiciales que apuntaban de manera directa contra las acciones del Banco Nación, Aerolíneas Argentinas y participaciones estratégicas en YPF.

Cruces de trinchera: el debate sobre el “hambre” y los “estafadores”

La sesión avanzó en paralelo a fuertes cruces políticos y sirvió como caja de resonancia para una oposición que intentó, sin éxito, capitalizar el costo político de pagarle a los denominados “fondos buitre” en medio de una economía en recesión y con fuerte ajuste fiscal.

La diputada de extracción kirchnerista Vanesa Siley disparó con dureza desde su banca, acusando a la gestión libertaria de pretender saldar este viejo conflicto financiero de Wall Street “a costa del hambre de la gente”, advirtiendo que los fondos saldrán de una mayor licuación de los ingresos internos. En la misma sintonía dura se anotó el legislador peronista de origen sindical Hugo Yasky, quien tildó la medida de inadmisible por favorecer a “especuladores que ni siquiera invirtieron un centavo en la Argentina”, ubicándolos en la categoría de “estafadores” de los negocios financieros internacionales. Mientras tanto, Miguel Ángel Pichetto encendió alertas técnicas sobre la aparente falta de asignación presupuestaria del proyecto dentro de la Ley de Administración Financiera.

En la vereda de enfrente, el oficialismo apeló al pragmatismo institucional para defender el texto de la ley. La diputada Silvana Giudici operó como una de las espadas argumentales en el recinto, señalando que el acuerdo representa “una señal de que el país tiene remedio” frente al circuito de capitales del exterior, contrastando la regularización de las deudas con lo que denominó “un pasado oscuro en el que era más fácil defaultear que resolver los compromisos”.

El tablero quedó saldado: el Gobierno respira al esquivar la guillotina judicial de Nueva York y sacar de la mesa un foco crónico de inestabilidad externa, pero asume el costo de gestionar el impacto discursivo de convalidar, en plena austeridad interna, un desembolso millonario que vuela hacia el norte.

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