Carlos Pagni , en su clásica editorial, advierte que la política argentina se juega hoy en el terreno de las emociones colectivas. El malestar social, el deterioro salarial y la falta de empatía del liderazgo plantean un desafío crucial para Javier Milei y para toda la dirigencia
“Los sentimientos son la materia prima de la política”, escribe Carlos Pagni en La Nación. Y agrega: “Determinan los climas emocionales que imperan en la sociedad”. Una encuesta reciente muestra que predominan la incertidumbre, la angustia y el enojo, mientras la alegría apenas alcanza al 1% de los consultados. Ese clima, que llevó a Milei al poder, vuelve a instalarse como un desafío para la representación política.
Pagni subraya que, aunque la inflación dejó de ser la principal preocupación, el deterioro del salario y el endeudamiento familiar son hoy el núcleo del problema: “El 28% no llega a fin de mes… y las estadísticas del Indec indican que el salario registrado cayó un 8,9% en términos reales desde que él llegó al poder”. El aumento de tarifas y la deuda doméstica duplicaron la carga sobre los ingresos, generando malestar político.
El periodista plantea una pregunta central: ¿puede Milei adaptar su liderazgo al nuevo contexto? “Uno de los principales problemas de un líder es mantener la sintonía con su tiempo, no volverse anacrónico ni ofrecer respuestas que correspondan a un período anterior”. Pagni contrapone a los líderes que se aferran a su ideología frente a aquellos que saben adaptarse, como lo hizo Carlos Menem en los 90.
La nota también advierte sobre la falta de empatía en el ajuste: “Lo que tiene de parecido esta concepción con la del marxismo y la de las revoluciones de izquierda es que hay un paraíso en la tierra que va a llegar… Anecdóticamente, morirá alguien en el camino o cerrará una empresa, pero a ese se le dice ‘bendito sea lo que te pasa’ porque es un homenaje al futuro”. Para Pagni, Milei corre el riesgo de convertirse en un ideólogo inflexible, dispuesto a perder elecciones antes que traicionar su idea.
Finalmente, el autor describe la demanda social de un “centauro político”: una combinación de equilibrio fiscal con sensibilidad social. “El centauro que se demanda tiene cabeza ortodoxa, valora el equilibrio fiscal… pero quiere que todo eso se haga con rostro humano y con sensibilidad productiva”. Ese espacio de centro, advierte, aún no tiene representación clara en la política argentina.
