El profesor y arquitecto, Santiago Aagostinelli, nos comparte el segundo capítulo de este compendio que interpela a la comunidad docente y a la comunidad en general
Muchas de las responsabilidades que hoy atraviesan la escuela tienen una característica común: ya no
trabajan solamente sobre aquello que un estudiante sabe. Trabajan sobre la persona que ese estudiante
está aprendiendo a ser.
Aceptar un límite.
Esperar.
Equivocarse.
Convivir con alguien diferente.
Hacerse responsable de una decisión.
Tolerar una frustración.
Comprender que nuestras acciones tienen consecuencias.
Construir cierta autonomía.
En ese territorio, inevitablemente, la función docente comienza a acercarse a algo que tradicionalmente
asociamos con la crianza.
Y entonces aparece otra pregunta:
¿La tarea del docente comienza a parecerse a la de un padre?
En algunos aspectos, sí.
Familia y escuela comparten una enorme responsabilidad: reciben a un sujeto que todavía se está
formando y participan de su incorporación a un mundo que existía antes que él.
Un mundo donde existen otros.
Donde existen reglas.
Donde no todos nuestros deseos pueden cumplirse.
Donde existen obligaciones, conocimientos, responsabilidades, conflictos y frustraciones.
En ese sentido, familia y escuela son instituciones formadoras.
Pero eso no significa que sean lo mismo.
ECOS DE UN DOCENTE no busca encontrar respuestas. Busca descubrir hasta dónde alcanzan
las respuestas que ya tenemos.
