A raíz del último análisis de Carlos Pagni en La Nación, quedan al descubierto las costuras de un plan que, al frenar la actividad para contener la inflación, termina asfixiando la recaudación del IVA y los fondos coparticipables. Entre préstamos en dólares para el mercado interno y provincias con cuentas en rojo, surge una pregunta inevitable: ¿puede sostenerse el equilibrio fiscal si la economía real no arranca?
(Por GIT) Ya es martes y, en su habitual columna política, el periodista Carlos Pagni puso la lupa sobre un síntoma que empieza a encender alarmas tanto en los despachos oficiales como en los gobiernos provinciales: la necesidad imperiosa de inyectar liquidez en una economía golpeada por la recesión y el achicamiento del consumo.
La reciente decisión del Ministerio de Economía de permitir que los bancos utilicen hasta un 15% de sus depósitos en dólares para financiar a empresas que no generan divisas expone una realidad ineludible. ¿Es este flexibilizamiento una admisión implícita de que el enfriamiento de la actividad tocó un límite peligroso para las propias arcas del Estado?
El diagnóstico de Pagni revela un círculo vicioso. La caída en la recaudación de impuestos clave como el IVA o los Créditos y Débitos no solo frena el superávit de la Nación, sino que seca el goteo diario de la coparticipación hacia las provincias y municipios. Con salarios apretados, familias endeudadas y tarifas de servicios públicos que pesan cada vez más sobre el presupuesto mensual, la pregunta interpela de lleno al terreno local: ¿hasta cuándo se puede sostener la disciplina fiscal si los ingresos del comercio y de la gente caen mes a mes?
Además, el análisis advierte además sobre los riesgos de una economía que marcha a “dos velocidades”: por un lado, incentivos para sectores extractivos como la minería o el petróleo; por el otro, la desatención del mercado interno, que es el que verdaderamente sostiene la masa tributaria y el empleo territorial. ¿Alcanza con empujar a los grandes actores exportadores mientras el mostrador de la esquina vende cada vez menos?
En el plano político, las dudas que plantea la recesión se trasladan de inmediato a las encuestas y al Índice de Riesgo País. En un escenario donde gran parte de la sociedad busca previsibilidad sin caer en fórmulas del pasado, el panorama deja abiertos varios interrogantes de cara al futuro: ¿alcanza la promesa de la inflación baja para sostener el contrato social, o la reactivación productiva se convertirá en la condición indispensable para que el modelo no colapse?
