Pijarará Leo Baldo

¿Elegimos vivir en la simulación? Una crítica a la era del vacío informativo. Bajo la metáfora de “Pijarará”, esta columna examina la degradación del debate público y el rol del periodismo actual. Entre el espectáculo de Guy Debord y la performance política, un recorrido por la pérdida de sentido en una sociedad anestesiada que prioriza el clic por sobre el argumento.

(Por Leo Baldo) Lo del cartel de Pirarajá que nos envía @juan.manuel.rossi es una genialidad. Se trata de una intervención digital que se viralizó, pero,
también es una tragedia silenciosa.

Ese “Pijarará” que hoy es viral en las huestes de Nick Land no es un simple efluvio perdido en el camino en la bajada de La Rabia por la 51; es el mapa exacto en donde estamos parados.

Guy Debord lo avisó hace décadas y no le dimos bola: la realidad se murió y en su lugar quedó el puro espectáculo. Ya no importa si el cartel de chapa existe físicamente en la ruta o si es un invento digital. Lo que importa es que el algoritmo se alimente.

Mientras tanto, miramos para otro lado. O peor: nos relamemos.

El periodismo, hace años, dejó de informar. Hace años que hoy la tarea es amplificar el agravio. Lo vemos en ese espadeo dialéctico entre Milei y Bregman, que es puro show para la tribuna. No hay una idea cruzando la pantalla, hay una performance. Ni siquiera es odio; es un guion gastado para que el rating no se caiga. Es ruido blanco para una sociedad post-anestesiada. Y nosotros, desde nuestro lugar, solemos actuar como cómplices permanentes.

Somos los “Postman” de una era vacía. Engordamos esos cuerpos con el fin de ver quién grita más fuerte. Validamos el circo porque el mecanismo no entiende de argumentos, solo de impacto. Convertimos el análisis en un ring de gladiadores y después nos preguntamos por qué la realidad ya no se entiende. ¿El negocio?

Pasamos de largo la realidad simulada. Ya no buscamos la verdad porque la simulación es un refugio mucho más cómodo. Por eso, entre el cinismo y la resignación, nos mudamos definitivamente de piel.

Al final, elegimos vivir en Pijarará. Un no-lugar donde el sentido se perdió hace rato, pero el clic sigue garantizado.

Ponemos esto porque el periodismo que conocíamos, hace rato que murió.

Gracias Arlt, gracias Briante, Soriano, Guerriero, y tantos/as periodistas más.

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