Noelia Petti

La nadadora de aguas abiertas, leyenda del fondo argentino, reflexiona sobre el alto rendimiento después de los 50 años. En un diálogo profundo con Infobae, Petti desarma el mito del retiro y pone el foco en la vigencia, el esfuerzo y la necesidad vital de seguir braceando contra la corriente.

Por Leo Baldo (Con información de Infobae)

Noelia Petti no nada para colgarse una medalla; nada porque el agua es su gramática y su forma de estar en el mundo. A los 51 años, la mujer que se convirtió en un emblema al unir Colonia con Punta Lara tras 12 horas de brazadas solitarias en el Río de la Plata, sigue rompiendo la superficie. Pero hoy, el desafío no es solo la corriente traicionera o el frío que cala los huesos; el verdadero reto es convivir con una cabeza competitiva en un cuerpo que ya no responde con la explosividad de los veinte.

En una charla íntima con Infobae, dentro del espacio “Generación Silver”, Petti dejó definiciones que golpean de frente a cualquiera que entienda el deporte no como un hobby, sino como un compromiso existencial. “Cuesta reconocerse en este lugar”, admite con una honestidad brutal, refiriéndose a esa ley natural de ver cómo las nuevas generaciones pasan por al lado con una velocidad inalcanzable. Sin embargo, su rebeldía no es intentar ganarle al reloj, sino mantenerse en la línea de largada.

La valentía de aprender a perder

El recorrido de Noelia no fue un camino de rosas desde el inicio. Recordó con precisión sus primeros pasos en el circuito internacional, cuando decidió salir a competir al exterior sabiendo, de antemano, que lo más probable era llegar última. “Menos mal que me animé a perder”, reflexiona. Esa decisión de salir de la zona de confort y aceptar la derrota como parte del aprendizaje es lo que hoy la sostiene activa.

Petti escapa a la resignación que empuja a muchos veteranos al retiro prematuro por una cuestión de ego: el miedo a no verse más en los primeros puestos. Para ella, la victoria está en el proceso, en la preparación y en el simple —pero complejo— hecho de estar presente.

El espejo en los grandes: el faro de Claudio Plit

En la entrevista, surge un nombre que para los nadadores de aguas abiertas es palabra mayor: Claudio Plit. El marplatense, que promedia los 70 años y sigue siendo una fiera del agua, es el norte de Noelia. Al mirarlo, ella entiende que la presencia tiene un peso simbólico que supera cualquier podio. Es la admiración por el que no se rinde, por el que transforma el paso de los años en experiencia pura y no en una fecha de vencimiento.

“Verlo a él me da la pauta de que se puede seguir siendo un atleta de alma, sin importar lo que diga el documento”, parece decir Petti entre líneas.

El entrenamiento como soberanía personal

“Yo si no entreno, no estoy bien, no estoy plena”, confiesa sin vueltas. Para Noelia, el entrenamiento diario es una necesidad fisiológica y emocional. No importa si es en una pileta de entrenamiento o cruzando el canal de la Mancha; lo que cuenta es la sensación de haber cumplido con el esfuerzo propio. Es recuperar la soberanía sobre el propio cuerpo en un mundo que intenta decirte cuándo tenés que dejar de intentar.

Petti no habla de colgar la malla ni de despedidas nostálgicas. Habla de inspirar a los que vienen detrás, de compartir el conocimiento acumulado en miles de kilómetros de agua y, sobre todo, de aceptar que el recorrido sigue vigente mientras haya ganas de tirarse al agua. Al final, la verdadera carrera es contra uno mismo, y esa es la que Noelia Petti sigue liderando con una brazada firme, constante y, sobre todo, eterna.

Compartir