Proyecto Capri-Nápoles: la historia detrás de las brazadas de 25 de Mayo en aguas italianas a cargo de Nicolás Viceconte y equipo

El nadador veinticinqueño Nicolás repasó la travesía encarada junto al equipo JV SWIM en aguas italianas. Entre entrenamientos de fondo, rifas y pruebas exigentes como la Santa Fe-Coronda, la historia de una preparación a pulmón que dejó una huella imborrable más allá de la meta

Se fundan gestas en la natación de aguas abiertas. Se miden por la planilla final de tiempos, y hay otras —quizás las más verdaderas— que se definen por la densidad del camino recorrido. El pasado 3 de julio de 2026, el Proyecto Capri-Nápoles tuvo su jornada señalada sobre el Tyrreno, pero la historia real de esta travesía comenzó mucho antes, en la intimidad del entrenamiento diario y la logística a pulmón.

Todo se gestó hace 16 meses, lejos de las costas italianas y en la cotidianeidad del mate y el vestuario. Nicolás, desde sus redes, sintetizó el origen de la idea con la precisión de quien conoce la génesis exacta del plan: “Todo comenzó en una charla con mi amigo Mati y mi entrenador José. Entre ideas y sueños apareció una pregunta: ¿Y si cruzamos Capri–Nápoles?”.

Tratar de unir los 36 kilómetros que separan la mítica isla del golfo napolitano no era una ocurrencia menor. Demandaba preparación física extrema, entereza mental para soportar horas de soledad en el mar y una ingeniería económica que en el deporte amateur suele ser el primer gran filtro. Además, el grupo se encontró con un obstáculo inicial: faltaba una tercera integrante para completar la escuadra.

La respuesta llegó en la pileta. Y entonces apareció Ferino. Fuerte, decidida y con un carácter que no conoce el miedo. Habíamos compartido apenas tres entrenamientos cuando pensé: ‘Acá está la tercera.’ Su respuesta fue inmediata: ‘Vamos'”, relata Nicolás sobre la incorporación que terminó de consolidar al equipo JV SWIM.

A partir de ese “vamos”, se desencadenó un proceso de casi un año y medio marcado por la disciplina y el esfuerzo colectivo. No fueron solo metros acumulados en la pileta o en el río; fueron 16 meses de rifas vendidas, pasajes liquidados a fuerza de trabajo, planificación de itinerarios, errores de puesta a punto, días de frustración y jornadas de competencia preparatoria en escenarios de máxima exigencia como la Santa Fe-Coronda y los eventos del circuito OWA.

Llegado el día señalado en el calendario internacional, la prueba impuso sus condiciones. La natación de aguas abiertas tiene esa naturaleza: el mar no siempre entrega la llegada soñada, pero tampoco quita un solo metro de lo trabajado en la orilla. “Aunque nos faltó la cereza de la torta, nadie podrá quitarnos el camino recorrido. Porque hay metas que no se miden únicamente por una llegada, sino por todo lo que se construye para intentar alcanzarlas”, reflexiona Nicolás, poniendo en palabras el balance de la travesía.

Detrás de la logística y los metros nadados estuvo el sostén del entorno. En sus declaraciones, Nicolás remarcó el reconocimiento para quienes hicieron posible el viaje: “Quiero agradecer especialmente a Mati y Caro, que se pusieron el equipo al hombro de una forma increíble; a José, que sin ningún tipo de compromiso no dudó un segundo en prepararnos; a Romi por el apoyo incondicional de siempre… Cada uno, desde su lugar, fue una parte fundamental de esta historia”. La gratitud se extendió también a las familias, amigos y a la comunidad de 25 de Mayo que acompañó comprando una rifa o enviando un mensaje a la distancia.

El paso por Italia deja una marca indeleble en el historial del grupo y ratifica una máxima conocida por los nadadores de fondo. Como concluyó el propio Nicolás al mirar en perspectiva estos 16 meses de trabajo: “Cuando un barco está hecho de buena madera, siempre está listo para volver al agua. Capri–Nápoles ya es parte de nuestra historia”.

Apartado: Nico, como te dije, habrá revancha. El mar, a veces es más que la palabra mar.

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