Milei lanzó la campaña en cadena nacional

Entre la apelación a las “fuerzas del cielo” y la confrontación directa con Cristina Fernández de Kirchner, Javier Milei utilizó la cadena nacional para dar el puntapié inicial a su carrera por la reelección. En un discurso leído de principio a fin, el Presidente volvió a la carga contra el Banco Central, prometió autonomía monetaria y sorprendió al incluir en su narrativa a la industria y el trabajo genuino tras dos años de ausencia. Todo bajo el trasfondo de una Iglesia católica que asoma como la principal oposición conceptual y el corolario de un “caballo de Troya” en el tablero

(Por Leo Baldo) En una nueva cadena nacional recién emitida, Javier Milei vuelve a las raíces del Milei auténtico y deja en claro sus intenciones de ser reelecto utilizando la receta histórica de la política argentina: los personalismos. En su intervención, el Presidente apela nuevamente a su estrategia de cabecera: polarizar de forma directa con el pasado y ubicar en la vereda opuesta a Cristina Fernández de Kirchner. En un texto leído de principio a fin —asumiendo que la oratoria de estadista no forma parte de su registro—, el mandatario volvió a apuntar contra uno de sus blancos históricos más detestados: el Banco Central. En esta oportunidad, apuntó directo contra la gestión de Mercedes Marcó del Pont, a quien acusó de robar 10 mil millones de dólares, aunque lo más llamativo del anuncio fue su promesa de otorgarle autonomía a la propia autoridad monetaria.

Bajo la proclama de poner fin a “91 años de saqueo” para alcanzar una Argentina libre, la narrativa oficial impulsó un proyecto de modernización profunda del mercado de capitales y de los bonos corporativos. En ese marco, habló de “15 años perdidos” y pronunció un concepto hasta ahora ausente en más de dos años de gestión: la industria y el trabajo genuino.

El tono no deja dudas: la campaña por la reelección ya se largó. Ante un escenario donde la Iglesia católica asoma como la verdadera oposición conceptual y habrá que ver qué actor político capitaliza ese reclamo, las instituciones religiosas perfilan su posición en defensa de los trabajadores. Como cierre, entre invocaciones a Dios y a las “fuerzas del cielo”, el discurso dejó flotando un corolario inquietante: la presencia de un verdadero caballo de Troya en el tablero.

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