La trinchera de la memoria: arqueología bonaerense frente al desguace libertario

En la llanura de Valdés, un equipo del Conicet desentierra las huellas del Fortín Cruz de Guerra y la Batalla de La Verde. El rigor de la ciencia pública expone las capas de una historia que el relato oficial intentó sepultar, en un territorio donde el presente político cruza la paradoja de la motosierra y la identidad local.

La ciencia como acto de resistencia

(Por Leo Baldo) El frío viento de Valdés corta la cara. En la llanura de 25 de Mayo, la tierra guarda secretos que los escritorios de Buenos Aires desprecian. Es que meter el cucharín en el barro no es solo hacer ciencia; es un acto de resistencia. Mientras en la Casa Rosada miden la vida desde la macro y algoritmos que emanan de las redes y dicen que investigar es un gasto superfluo, catorce profesionales del Conicet y la UBA meten los pies en el territorio. Doctores, licenciados y pibes que se queman las pestañas. Sostienen a pulmón la soberanía cultural del interior. Una bofetada de realidad contra el discurso oficial.

El frente es doble: el Fortín Cruz de Guerra, fundado en 1828, y el epicentro de la Batalla de La Verde, de 1874. No buscan reliquias para coleccionistas privados ni fetiches para el mercado que el anarcocapitalismo tanto idolatra. Buscan la verdad material. El arqueólogo Emanuel Montanari lo dice claro: si sacás el objeto sin entender el entorno, destruís el dato. Un pedazo de vajilla, un zuncho, un resto óseo. Ahí adentro, en la llanura, conviven la microhistoria del milico herido y la geopolítica de fronteras. Todo eso que el Estado nacional precariza y pretende borrar con el codo.

La trinchera de la memoria: arqueología bonaerense frente al desguace libertario

El silencio del poder y el control del relato

En La Verde, el equipo lleva casi dos décadas mapeando plomos, vainas y proyectiles con GPS. Reconstruyen el mapa de una sangre que ya es pasto. En 1874, Bartolomé Mitre masticó el polvo de la derrota en este suelo veinticinqueño. El tipo que inventó la historia oficial del país a través de las páginas del Diario La Nación, decidió que esa batalla no se contaba. La pluma que fundó el relato nacional prefirió el silencio antes que mostrar sus propios fracasos. La historia es un espejo incómodo para el poder.

“Quien tiene la palabra, tiene el poder”, tiró Friedrich Nietzsche. El mitrismo lo entendió antes que nadie. Pero Michel Foucault fue más allá, nos dejó esa marca en el cuerpo: el poder no se tiene, se ejerce, y su mayor victoria es controlar el archivo, decidir qué es verdad y qué se tira al olvido. “El saber no es para comprender, es para hacer la guerra”, sentenció. Controlar la palabra es controlar el territorio. Por eso la arqueología pública es peligrosa para los que quieren un pueblo sin pasado: porque desentierra la contra-historia que los vencedores mandaron a callar.

La paradoja de las urnas en la llanura

Acá estalla la paradoja, el nudo que aprieta en el estómago: en este mismo partido de 25 de Mayo, donde el Conicet defiende la memoria con las uñas, Javier Milei —el hombre que busca desguazar el campo científico y social— ganó la última elección con el 66 por ciento de los votos. Destruir la ciencia no es ahorrar; es vaciarle la cabeza a la gente para que no sepa de dónde viene. Un pueblo sin memoria es una hoja seca al viento de los mercados. Ese porcentaje duele en el territorio: es la contradicción de una comunidad que, en las urnas, convalida el desfinanciamiento de los mismos que rescatan su identidad del olvido. Una sociedad votando su propio silencio.

La trinchera de la memoria: arqueología bonaerense frente al desguace libertario

Pero la llanura no se entrega. Frente a la asfixia y el desprecio que bajan desde la Nación, el patrimonio local resiste gracias al entramado de la comunidad  y la convicción de los que ponen el cuerpo. En cada cuadrícula abierta en el suelo de Valdés, la universidad pública demuestra que la soberanía no se remata en una timba financiera. Se defiende ahí, abajo, en el barro, con ciencia, memoria y territorio.

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