A medio siglo del inicio de la última dictadura militar, la Ciudad de Buenos Aires fue el epicentro de una movilización histórica. Hubo un reclamo central por las víctimas del terrorismo de Estado y un documento con fuertes críticas a la gestión de Javier Milei. Según informó la agencia DIB, la jornada transcurrió con una asistencia que desbordó los cálculos previos y marcó un pulso político de cara al Ejecutivo nacional.
La memoria cumplió cincuenta años y salió a la calle. La Plaza de Mayo y sus avenidas aledañas no alcanzaron para contener a la multitud que se movilizó este 24 de marzo. Fue una jornada de pulso firme. No hubo solo recuerdo; hubo un mensaje político directo hacia la Casa Rosada en un contexto de fuerte disputa por el relato histórico.
De acuerdo con lo consignado por la agencia DIB, el acto central tuvo como eje un documento consensuado por los principales organismos de Derechos Humanos. Las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo encabezaron una columna que cruzó la ciudad entre cánticos y una exigencia que no pierde vigencia: saber el destino final de los desaparecidos.
El cruce con el Gobierno
La movilización ocurrió bajo la sombra de la tensión oficial. El Gobierno nacional difundió un video institucional con su propia visión de los años setenta, donde incluyó testimonios de víctimas de organizaciones guerrilleras. En la Plaza, la respuesta fue unívoca. El documento oficial de los organismos denunció un “intento de negacionismo” por parte de la actual administración.
“Que digan dónde están”, fue el grito que unificó a las distintas columnas. La agencia DIB destacó que el reclamo no se limitó al pasado. Hubo menciones críticas al ajuste económico, a la situación de los jubilados y al desfinanciamiento de las políticas de memoria y justicia que el país sostiene desde el regreso de la democracia.
Identidad y presente
La marcha fue un termómetro de la calle. Miles de particulares, familias enteras y jóvenes que no vivieron el proceso se sumaron a la convocatoria. Como solía escribir Miguel Briante, a veces la historia se lee mejor en los gestos de la gente que en los libros oficiales. Ayer, en cada pancarta casera y en cada foto de una víctima, se leyó una defensa cerrada del “Nunca Más”.
La jornada transcurrió sin incidentes, bajo un operativo de seguridad que observó de lejos la marea humana. Al final del día, el mensaje quedó instalado. A 50 años del golpe de Estado de 1976, la sociedad argentina ratificó que el pacto democrático sigue atado a la verdad y a la justicia. La plaza habló, y su eco todavía resuena frente a los balcones del poder.
