La Legislatura de la Provincia de Buenos Aires sancionó la Ley 15.536 que declara Personalidad Destacada a Celia Luna Olmos, la nadadora platense que comenzó su carrera deportiva a los 43 años y se convirtió en referente internacional de aguas frías. La distinción, impulsada por el senador (MC) Alejandro Celillo, reconoce la trayectoria de la atleta consagrada campeona mundial en El Calafate y representante argentina en Malvinas y Estonia
(Por Leo Baldo) Surgen tramas o historias que no se bosquejan o escriben en escritorios, sino en el silencio de una pileta o en el impacto seco del cuerpo contra el agua helada. La de Celia Luna Olmos es una de esas. Hoy, la Ley 15.536 sancionada por la Legislatura bonaerense oficializa lo que su carrera ya gritaba: es Personalidad Destacada de la Provincia de Buenos Aires. Y se la reconoció este martes 28 de julio en la legislatura bonaerense.
Este reconocimiento llegó gracias al impulso del Senador (Mandato Cumplido) Alejandro Celillo, quien vio en Celia un ejemplo de persistencia necesario para estos tiempos. Celia no nació con escamas; se tiró al agua a los 43 años por una prescripción médica. En el Club Universitario de La Plata empezó una historia que la llevaría a recorrer el mundo, descubriendo que, como bien sabe el gran Claudio Plit, nadar es encontrarse con uno mismo.

Alguna vez charlando con Plit —ese “Ulises” que trepa olas en la neblina— entendí que el agua es un mar narrativo. Él me decía que el “vehículo” es el cuerpo y que hay que escucharlo cuando pide mar o pide contemplar las olas. Celia Luna Olmos es la representación física de ese “hombre que nada” de Viel Temperley, pero en versión femenina y bonaerense. Ella también aprendió a interpretar su mapa interno para no ponerse el “traje apretado de otro”.
Brazadas de acero y cadera nueva
Su carrera es un pasaporte sellado con esfuerzo: de la medalla de bronce en el Sudamericano de Brasil en 1998 al Mundial de Italia en 2004. Ni siquiera un reemplazo total de cadera derecha en 2018 pudo sacarla del agua por más de tres meses. Volvió con una prótesis, pero con el mismo fuego de siempre. Para Celia, como para los grandes de aguas abiertas, nadar es un mantra donde se unen el movimiento y el aire.

El rito de las aguas frías
A partir de 2017, Celia decidió que la pileta le quedaba chica. Se volvió una “nadadora de paisajes”, buscando esa sintonía de locura y paz que solo el agua gélida otorga:
Malvinas: En 2019, bajo la coordinación del propio Plit, nadó en las islas en homenaje a los caídos. Salió del agua para encontrarse con el abrazo de excombatientes correntinos, en un escenario donde las almas y el frío se funden.
El Calafate: En 2023, frente al Glaciar Perito Moreno, se consagró Campeona Mundial en su categoría (70-74 años), ganando todas las distancias desde los 25 hasta los 200 metros.
Estonia: En 2024, con el agua a 0.5 grados, se metió entre las cinco mejores del planeta en el Mundial de Tallin.

La firma que faltaba
Sus hijos, que al principio sufrían viéndola desafiar temperaturas extremas, terminaron rindiéndose. Celia le dijo a La Nación una frase que resume su espíritu: “Muchos piensan que una señora de 70 años solo puede dedicarse al crochet… yo nunca aprendí a tejer”. Su hija mayor, cardióloga, es quien hoy le firma los aptos físicos con una advertencia de amor: “Mamá, no se te ocurra morirte en el agua”.
Pero Celia no se muere en el agua; Celia vive en ella. La ley impulsada por Celillo es apenas un papel que intenta seguirle el ritmo a una mujer que, al igual que los viejos maestros del agua, entendió que para ser libres hay que saltar justo donde el agua muerde.
Salud, Celia. El invierno te queda pintado. Seguí maquillando las aguas con tu alma.
Fotos: comunidad NAF
