FELIPE POMAR TSUNAMI

Felipe Pomar, legendario campeón mundial de 1965, repasó ante Dani Pérez de Mendiola seis décadas en la cresta de la ola, su experiencia límite durante el terremoto de 1974 y la tesis que ubica el origen del surf en las costas de Sudamérica

Por Dani Pérez de Mendiola (Publicado originalmente en Mar Gruesa)

En 1965, las aguas de Punta Rocas, en Perú, amanecieron cubiertas por una niebla tupida que impedía ver la línea del horizonte. Solo se escuchaba un rugido sordo y constante. En ese escenario imponente, un joven Felipe Pomar se adentró en el mar sin más armas que su tabla Greg Noll de 10’4 pulgadas y una determinación de hierro. Aquella jornada no solo se coronó campeón mundial de surf —en una época donde no existían las amarras ni la tecnología moderna—, sino que firmó el inicio de una de las leyendas más fascinantes del deporte internacional.

En un mano a mano imperdible publicado por la revista especializada Mar Gruesa, el mítico surfista peruano repasó los momentos fundacionales de su carrera, la filosofía de vida que lo mantiene activo pasados los 80 años y una de las anécdotas más sobrecogedoras que se recuerden en la historia del mar.

El día que el mar se retiró: surfear el tsunami de 1974

Aunque Hawaii le ofreció jornadas de riesgo semanal durante décadas, el episodio más extremo en la vida de Pomar ocurrió en su tierra natal, minutos después del devastador terremoto que sacudió a Perú en 1974.

“El terremoto duró como dos minutos y nosotros entramos a la Isla en Punta Hermosa con la idea de correr lo que venga. No contamos con la posibilidad de que el mar se retiraría y nos arrastró mar adentro”, recordó Pomar sobre aquella tarde junto a su compañero Pitty Block.

Tras minutos de incertidumbre y peligro real en medio de un océano caótico, ambos deportistas lograron cruzar la bahía y tomar la única vía de escape posible: montar dos olas gigantescas generadas por el maremoto, cada una del tamaño de una casa de dos pisos, para poder salir con vida hacia la costa.

Los caballitos de totora: el origen ancestral en Sudamérica

A lo largo de la conversación con Pérez de Mendiola, Pomar también expuso su investigación sobre las raíces profundas de la disciplina. A diferencia de la narrativa tradicional que atribuye la invención del surf exclusivamente a la Polinesia, el campeón mundial sostuvo —respaldado por sus intercambios con el célebre explorador Thor Heyerdahl y estudios de la historia marítima peruana— que los antiguos pobladores de la costa sudamericana ya dominaban el arte de cortar las olas hace más de 4.000 años a bordo de los tradicionales caballitos de totora.

Una filosofía de vida sin fecha de vencimiento

Radicado entre las islas de Hawaii e Indonesia —donde cofundó el Malole Surf House, un refugio pensado para surfistas mayores de 40 años—, Pomar dejó en claro que la pasión por el agua no se apaga con el paso del tiempo.

Para las nuevas generaciones, el mensaje del pionero fue directo: cuidar el cuerpo, buscar el equilibrio personal, proteger la salud del mar y mantener viva la curiosidad. Al ser consultado sobre sus metas a futuro, Pomar no dudó en dejar asentada su máxima ambición: mantener la disciplina, cultivar la salud y seguir surfeando olas gigantes hasta cumplir los 100 años.

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