La hermandad subterránea: retazos de una vigilia en X tras la muerte del Indio

Mientras la carroña digital se relame con el cadáver tibio de los mitos, el pogo se muda al subsuelo de la conciencia. Una disección de la mística ricotera en el lupanar del clickbait

Anoche, en la vigilia, Arbolengo tomó algunas de las muchas cosas que el fenómeno, indeleble ya en nuestra historia, la muerte del #Indio, dejó en X. Y así narraban algunas personas en esa red que amplía la polarización y el clickbait:

Uno dejó: —Me uní a Los Redondos por su oscuridad. No es el fenómeno de masas o la bohemia, es casi lo opuesto: algo que solo pasa dentro del individuo.

El otro: —El Indio nos hizo entender que la misa no se correspondía a una religión, sino a un encuentro místico, espiritual, sincrético. Escribieron música de una belleza corrupta, la que descubrís cuando sos chico y salís de noche y ves al placer en un mundo de bestias.

Otra persona: —Imaginen que venimos de un tiempo donde la elegancia se podía percibir hasta en una pelea ética y estética. El Indio le escribía una canción bella y despiada a Symms y este le retrucaba con editoriales poéticas. Un mundo de sensaciones.

Y otra: —¿Queríamos esos “juguetes perdidos”? Los dejó.

Otro: —Y Borges lo recibe al Indio y lo invita a sentarse. Y Borges, muy atento, le pide al Indio que le relate esa trama que él no pudo ver. Y charlan. Y se cantan a sí mismos.

El último: —Disco beat, subterráneo, sincopado de los redondos: Gulp. El sonido de Kerouac en la noche. Indio, Skay y el saxo de Willy. La hermandad subterránea. Fraseo escupido al corte.

Arbolengo junta los vidrios rotos en la vereda. El algoritmo sigue gritando, pero la noche y esta mañana, ya son otra cosa. Este asunto está ahora y para siempre en tus manos, nene.

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