La saga del surubilo

El pez que nada en tierra firme dejó de ser una alucinación rural para convertirse en mito económico, conflicto diplomático y consultor financiero. Una reconstrucción del fenómeno que desafió a la biología, al dólar y a la política argentina desde los zanjones de 25 de Mayo

Por Leo Baldo

El origen: el hallazgo en el arroyo

El fenómeno arrancó una tarde de miércoles debajo del puente que antecede a la Estancia Las Mercedes. El mecánico Lerman Guepardo buscaba una moto perdida entre la maleza cuando se topó con una criatura extraordinaria: un surubilo pequeño que avanzaba sin agua. Filmó un video corto y lo envió a la redacción.

La confirmación científica no tardó en llegar. Gisellina Frasquito, investigadora de la Universidad de La Plata, analizó las imágenes. La experta confirmó que la especie no registraba antecedentes desde 1920 y vinculó la reaparición del animal con las corridas del mercado financiero, definiendo al ejemplar como un espécimen de hábitos “cueveros”. Para evitar que la criatura cayera en la depresión por la falta de sus pares, la científica recomendó a los vecinos acercarle la compañía de algún carpincho, una mulita o un zorro local.

La expansión: conflicto diplomático en el Uruguay

Pocos días después de su aparición en 25 de Mayo, el surubilo cruzó el Río de la Plata y quedó envuelto en una crisis internacional. El Gobierno uruguayo decretó la emergencia hídrica para Montevideo por una sequía prolongada, y el presidente Luis Lacalle Pou no tardó en señalar al pez como el responsable directo del desabastecimiento, declarando de forma pública que la criatura había secado las reservas naturales de la zona.

La respuesta del surubilo fue inmediata. El animal desmintió las acusaciones del mandatario, aclaró que carecía de la anatomía necesaria para provocar semejante daño y aprovechó la atención mediática para promocionar su nuevo emprendimiento de venta de dispensadores de agua potable. Tras manifestar su solidaridad con el pueblo uruguayo, anunció sus planes de migrar hacia el desierto de Atacama.

El regreso: avistamiento en la cueva y la pista de Olivos

Con el regreso de las precipitaciones a la provincia de Buenos Aires, la criatura volvió al territorio bonaerense. Horacio Buratti aseguró haberlo cruzado en la zona del terraplén mientras el animal se desplazaba entre los yuyos altos hacia el oeste.

Según el testimonio de Buratti, el surubilo lo miró de frente y le lanzó una frase tajante antes de perderse en la vegetación: afirmó que desde la implementación del dólar MEP había abandonado de forma definitiva la actividad de las cuevas financieras. Fue el último registro directo del pez en los caminos de tierra del distrito antes de que la lluvia borrase sus huellas.

Tras la tormenta, el rastro terrestre del animal se perdió entre los charcos. La versión popular cambió de rumbo y apuntó directamente al poder central: vecinos de la zona norte del conurbano aseguraron que el presidente Javier Milei alojó al espécimen dentro de la Quinta de Olivos para conservarlo como amuleto de estabilidad económica junto a su hermana Karina. El pez que nada en la tierra completó así un tramo más de su recorrido, pasando de los zanjones rurales a convertirse en un mito político de la Quinta Presidencial.

Qué se sabe hasta la fecha

A la fecha, el surubilo ya no necesita dejarse ver en los zanjones para estar presente. En las banquinas de la ruta, el fenómeno mutó en un turismo de baja intensidad: curiosos de la City porteña y puesteros locales caminan los bordes de la tosca buscando alguna huella sobre la tierra seca.

Alejado de los caminos anegados, la criatura experimentó un proceso de profesionalización. Fuentes del sector comercial afirman que el pez ofrece consultorías breves sobre “adaptación al medio y flotación sucia” a través de llamadas de Zoom, cobradas estrictamente en activos digitales. Atiende desde un recipiente térmico con aire acondicionado, habiendo cambiado el barro por el lenguaje técnico de la macroeconomía moderna.

Pero su costado territorial no se extinguió del todo. Testigos de la zona rural aseguran haberlo visto al caer la tarde encabezando reuniones informales a la orilla del canal junto a carpinchos, nutrias y peludos, transmitiéndoles lecciones de supervivencia frente a la burocracia humana.

Horacio Buratti, que todavía camina el terraplén al fin del día, sostiene que lo cruzó por última vez justo antes del anochecer. Según su relato, el surubilo lo miró desde la maleza y le dejó una última definición antes de perderse en el matorral: “El mercado no tiene corazón y la política no tiene memoria; la única libertad real está en aprender a caminar por la tierra sin ahogarse”.

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