El año en que el sol te dio la derecha: la campaña récord de girasol que rompió todos los moldes

Con un triplete histórico en área, rendimiento y producción, el ciclo 2025/26 cerró con unas extraordinarias 6,6 millones de toneladas totales. Una radiografía bien chacarera de cómo el cultivo supo defender los bártulos frente al clima y terminó dejando una montaña de dólares para alivio de la llanura entera.

Si se repasan con paciencia los papeles, se advierte que no hay exageración en las charlas de café: la campaña de girasol 2025/26 se metió en el bolsillo el primer puesto del ranking nacional en área, rendimiento y producción. Un triplete histórico que dejó atrás viejas marcas y que dibuja un escenario de abundancia en las rutas y los puertos del país.

Para entender la dimensión de lo que pasó, hay que pararse a mirar la tierra. A nivel país se sembraron nada menos que 2,85 millones de hectáreas. Esa cifra representa un salto fenomenal del 29,5% en comparación con el ciclo anterior y, de paso, le saca un 5,6% de ventaja a aquel techo histórico que venía aguantando desde la temporada 2007/08. El gran responsable de este estallido verde y amarillo estuvo en el norte: el NEA metió una expansión furiosa del 224% en su superficie, sumando 501.400 hectáreas al tablero nacional. Pero las sembradoras no se quedaron quietas en otras latitudes; Córdoba y el Centro-Norte de Santa Fe también empujaron con firmeza, registrando incrementos del 53% en el sur cordobés y del 58% en suelo santafesino.

El clima, ese socio indescifrable que suele jugar a las escondidas, esta vez se comportó como un aliado de fierro durante casi todo el viaje en las regiones del norte y el oeste agrícolas, acompañando el ciclo con buena oferta de agua de principio a fin. Distinta fue la suerte en los lotes del centro-este y el sudeste bonaerense. Allí, el verano se puso áspero; un déficit hídrico marcado durante los meses de enero y febrero obligó a morder los dientes y provocó una variabilidad de rindes que alarmó a más de uno. Sin embargo, cuando las máquinas entraron a trillar, la sorpresa fue grata: en el promedio general, esos campos aguantaron los bártulos y entregaron números cercanos o apenas superiores a la media histórica de la región.

Con ese aguante en las zonas más golpeadas y el empuje del resto, el rendimiento medio nacional terminó consolidando un récord absoluto: 23,6 quintales por hectárea. Una marca que supera por dos décimas al techo de la campaña pasada y que se ubica un contundente 11,7% por encima del promedio de los últimos cinco años.

Cuando el grano terminó de caer en las tolvas y se cerraron las compuertas de los silobolsas, la balanza comercial cantó la verdad definitiva: 6,6 millones de toneladas totales. Un volumen extraordinario que supera en un 32% las 5 millones de toneladas logradas en la campaña previa y que vuela un 60,2% por arriba del promedio del último lustro.

En el terreno de los negocios, la dinámica comercial avanza a paso firme. Al 13 de mayo de 2026, los exportadores e industriales ya tenían compradas 3,98 millones de toneladas, con una industria aceitera que muestra los dientes quedándose con el 82% de ese volumen para molienda. Con el 59,1% de la producción ya comercializado, en los galpones y estructuras de acopio todavía quedan unas 2,68 millones de toneladas esperando que el mercado mueva sus fichas.

Semejante montaña de granos no pasa de largo por los despachos de la economía general. El complejo girasolero proyecta dejarle al Producto Bruto del país un total de 3.304 millones de dólares en este 2026, lo que significa un crecimiento patrimonial del 53% respecto al ciclo anterior. Al mismo tiempo, la cadena derrama unos 757 millones de dólares directos a las arcas fiscales en concepto de recaudación y genera un ingreso genuino de 2.491 millones de dólares por exportaciones. Un balance que demuestra que, cuando el campo mete una campaña de este calibre, la llanura entera respira con otro alivio.

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