Más de 400 asesores y aplicadores debatieron en Entre Ríos la necesidad de profesionalizar las pulverizaciones. Un informe del Grupo APC reveló que 7 de cada 10 operarios no mide sus aplicaciones, lo que genera pérdidas millonarias por ineficiencia. Lanzan nuevas plataformas de capacitación para revertir la tendencia.
Redacción 25 se informa
La tecnología sobra, pero la medición falta. Esa fue la conclusión central de la segunda edición de “Pulverización Inteligente”, el encuentro que reunió a más de 400 especialistas en Entre Ríos para debatir el futuro de las aplicaciones fitosanitarias. La jornada, organizada por la Fundación Benet junto al Ministerio de Desarrollo Económico provincial y la Mesa de BPA, dejó en claro que el sector enfrenta un cuello de botella cultural más que técnico.
Según reportó la agencia Feraca, el evento congregó a ingenieros, aeroaplicadores y operadores de drones en un espacio de articulación con organismos como SENASA, INTA y la FAO. El eje de la discusión no pasó por la compra de maquinaria nueva, sino por la profesionalización del operario y el uso estratégico de los datos a campo.
El dato que alarma: el 70% aplica a ciegas
Uno de los momentos más tensos de la jornada ocurrió durante la presentación del informe del Grupo APC. Los datos expuestos revelaron una realidad preocupante para la eficiencia del lote: el 70% de los aplicadores no mide sus pulverizaciones. Sin registros de cobertura, tamaño de gota o volumen, la tecnología de punta de las máquinas se vuelve estéril.

“Hoy el desafío ya no es acceder a la tecnología. El desafío es usarla con criterio”, subrayaron los especialistas. El informe detectó brechas abismales de calidad entre aplicaciones terrestres, aéreas y con drones, lo que impacta de forma directa en los costos y en la eficacia de herbicidas y fungicidas.
Herramientas para el cambio
Para atacar este problema de raíz, Ezequiel Baus, presidente de la Fundación Benet, presentó “Agroformar”, una plataforma de capacitación técnica gratuita. Además, se anunció la apertura del primer Centro de Instrucción de Drones en Urdinarrain, un paso clave para formalizar una disciplina que crece pero que aún requiere marcos de formación estrictos.
La receta para mejorar el rinde parece simple, pero exige rigor: conocimiento, mantenimiento del equipo y medición constante. El uso de tarjetas hidrosensibles se posicionó como el estándar mínimo para evaluar la calidad real de cada pasada. Cuando la estrategia es inteligente, los resultados de calidad rozan el 100%, lo que demuestra que el error no está en la máquina, sino en el proceso.
